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El
volante de Rangers cuenta que en sus tiempos de inferiores
en Argentina, los técnicos lo veían como
figura y lo ponían un escalón arriba de
sus compañeros de generación. "A
la Selección me llamaban a mí y no a ellos.
Era regalón de Pekerman, pero me lesioné
antes del Sudamericano Sub 17 y Sub 20", cuenta.
LaTercera.cl
Lunes, 17 de Abril
(Foto: Rangers.cl)
Enrique Omar Mallea era el típico
niño mimado. Desde que llegó a River Plate,
cuando tenía 10 años, todo el mundo lo
cuidaba, consciente que estaban en presencia de alguien
que en el futuro podía convertirse en todo un
crack. "Me vieron jugar en Mendoza y me llevaron
a Buenos Aires. Mi familia hizo un gran esfuerzo para
trasladarse a la capital y creo que respondí.
Fui titular en todas las inferiores y durante casi cinco
años hicimos un trío de oro con Javier
Saviola y Andrés D'Alessandro. Andrés
jugaba más de volante y Javier y yo como delanteros.
Los tres éramos nacidos en 1981 y la 'rompimos'
durante varios años".
¿Y por qué ese
trío no se proyectó más adelante?
El destino. Jugamos hasta los 15 años
juntos, pero a mí por mis condiciones me pasaron
a la reserva y a la selección Sub 17. Javier
y Andrés, en cambio, se quedaron en las inferiores.
Ahí comenzó la separación. En ese
momento, prometía más que ellos, pero
las circunstancias de la vida me fueron perjudicando.
Antes del Mundial Sub 17 de Egipto (1997) me rompí
el ligamento de la rodilla y estuve casi seis meses
parado.
¿Nunca volvió
a ser el mismo?
No se trata de eso. Las condiciones
las mantuve, pero me vi frenado en la madurez. Hay que
pensar que mi lesión fue en la Sub 17 de Argentina
en un partido de entrenamiento contra la selección
adulta: choqué con Pablo Cavallero y hasta el
propio Daniel Passarella me tenía muy bien considerado.
Pero así fue. Después me costó
despegar, aunque igual me llamaron a la Sub 20 que iba
al Mundial de Nigeria. Pero un mes antes me tuve que
operar del hombro. Era como el regalón de Pekerman,
pero nunca pude demostrar mis condiciones.
River Plate y el paso por Suiza
¿Y tampoco pudo mostrarlas
en el primer equipo de River Plate?
Tampoco, porque River era muy competitivo
y cuando me tocó disputar un puesto la situación
era muy difícil: sobre mí ya estaba Saviola,
quien había sido mi compañero de toda
la vida, pero también Martín Cardetti,
Juan Pablo Angel, Sebastián Rambert. Después
llegó Pizzi y así era muy difícil.
Estuve desde 1999 al 2002 y siempre fui el quinto delantero,
así que me aburrí de esperar una opción
y me fui a Suiza, al Lucerna.
¿Y cómo fue esa
experiencia?
Me costó un poco. El frío
y todo eso me afectaron, además que yo venía
de River, donde siempre me trataron como figura y llegar
allá no fue tan fácil. Me tocó
un técnico, además, que sólo le
importaba la lucha y el sacrificio, entonces me costó
harto. Creo que hice un gol y por eso me volví
a River, pero al regreso me pasó lo mismo. El
técnico era Manuel Pellegrini y otra vez mis
únicas opciones fueron como quinto delantero,
así que decidí buscar nuevos horizontes.
¿Qué siente cuando
ve a Saviola en el Sevilla y a D'Alessandro en el Portsmouth?
¿Le da un poco de impotencia?
Me da alegría por ellos y un
poco de bronca conmigo por lo que pude haber logrado.
Pero después pienso que el destino es así
y que no hay mucho que hacer. Quizás me faltó
un poco de suerte o alguna oportunidad verdadera para
haberme mostrado, pero no se dio. Por ahora intento
recuperar el tiempo perdido en Rangers y creo que no
lo hago mal.
¿Habla a veces con sus
ex compañeros?
Hace poco me encontré con Saviola
en el Monumental y me saludó muy cariñosamente.
Es un gran tipo y sinceramente me da gusto que le vaya
bien en Europa. A Andrés lo vi antes y también
lo mismo: un muy buen chico. Nada que decir: fueron
compañeros bárbaros y la diferencia es
que tuvieron esa pizca de suerte que a mí me
faltó.
Los recuerdos de su paso por el cuadro de
la banda sangre:
"Marcelo Salas me llevaba en su auto"
Enrique Omar Mallea debe su nombre a Enrique Omar
Sivori, una leyenda de River y seleccionado argentino
e italiano. "Mi padre me puso así por
él y, bueno, para mí siempre fue un
orgullo. Nunca fue una carga, al contrario, era un
cartel positivo", cuenta.
El volante recuerda con nostalgia su
paso por el Monumental, donde entre otros conoció
personalmente a Marcelo Salas. "Cuando él
llegó en 1996 yo tenía como 15 años
y al pasarme a la reserva lo conocí. Marcelo
siempre me llevaba en auto y me acercaba a mi casa,
que quedaba muy cerca de la suya. Se mostró siempre
muy amable conmigo al igual que Eduardo Berizzo".
En Suiza además fue
compañero de Francisco Arrué...
Claro. Nos hicimos bien cercanos y
salíamos a comer siempre juntos. Un gran tipo
también, aunque ahora no he tenido contacto con
él.
¿Cuánto le va
a afectar a Rangers la salida de otro ex River, Gerardo
Reinoso?
Es difícil saberlo. A él
le gustaba jugar ofensivamente y por ahí quizás
esa forma de jugar debería cambiar. Pero no hay
que adelantarse y es mejor esperar tranquilos la llegada
del nuevo entrenador.
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